Una vez ubicados, el protocolo indica que se debe localizar visualmente a una de las ayudantes ceremoniales, conseguir su atención y hacer que se dirija hasta nuestra mesa. Tras varios infructuosos intentos, logramos que una de estas amazonas (N.del R.: del griego 'a mazos', un pecho, un pecho impresionante, che) nos tome el pedido y nos acerque los cálices rebosantes del líquido sagrado. Dichos cálices no son gratuitos, estimo que la recaudación se destina al mantenimiento del culto.
Por Helhoso, sobre la Oktoberfest.
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