Al ingresar al predio, lo primero que llama la atención son los gigantescos templos de adoración dispuestos a lo largo de la calle principal, todos ellos adornados con ornamentación ritual y cada uno de ellos consagrado a una diferente deidad, según pude deducir, deidades que en el idioma del lugar son llamadas Paulaner, Hacker-Pschorr, Loewenbrau, Augustiner, por citar sólo algunas. Ante mi pregunta acerca de cuál templo era el más propicio, la respuesta fue "donde haya lugar".
Por HelHoso, sobre la Oktoberfest
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